Echar el plomo
Piensa en la etapa que tienes por delante y vierte el plomo al agua. La figura que cuaje es tu respuesta.
La figura dice
En media Europa se hace la noche de Fin de Año y en España se hizo siempre por San Juan: se funde un poco de plomo — o de estaño, o de cera — en una cuchara vieja, se vierte de golpe en un barreño de agua fría y se escucha el chasquido. Lo que sale del agua es una figura que no ha hecho nadie, retorcida y de puntas, y en nombrarla está el oficio: la figura del plomo habla del año que viene.
Ese es el reparto de esta casa: los posos del café responden a lo que te pasa ahora, y el plomo mira hacia delante. Un ancla, una campana, un dragón, un trébol — el canon de figuras del Bleigießen alemán tiene siglos de uso, y cada una trae su lectura para la etapa que empieza, sea un año nuevo o una vida nueva.
Aquí el rito está completo y sin quemaduras: piensa en la etapa que tienes por delante, vierte el cazo y deja que el plomo cuaje. La figura sale distinta cada vez — de verdad: se dibuja al azar en cada vertido, como en el barreño no hay dos iguales — y el oráculo le pone nombre y lectura.
¿Es ciencia? No: es una de las tradiciones adivinatorias más queridas de Europa, tan querida que en algunos países los kits de plomo se han dejado de vender y la costumbre se ha mudado a la cera y a internet. Tómala como se ha tomado siempre: una figura, una charla y un brindis por lo que viene.