Tarot
Mancias

Deshojar la margarita

Piensa en esa persona y deshoja la margarita, pétalo a pétalo. El último decide.

Antes de las cartas, antes de los posos y antes de cualquier oráculo con nombre griego, estaba esto: una margarita cualquiera, arrancada del borde del camino, y una pregunta que no se atrevía a decirse en voz alta. Me quiere, no me quiere. Pétalo a pétalo, hasta que la flor se queda sin argumentos y suelta la verdad.

La versión corta la conoce todo el mundo, pero la retahíla completa — la que llegó de Francia — tiene cinco grados: un poco, mucho, apasionadamente, con locura y nada. Es la que usa esta margarita, porque un corazón casi nunca se conforma con un sí o un no: casi siempre la pregunta de verdad es cuánto.

El rito es el de siempre: piensa en esa persona — solo en ella — y arranca los pétalos de uno en uno, recitando. Nadie sabe cuántos pétalos trae una margarita, y ahí está la gracia: el azar de la flor es el que responde. El grado que caiga con el último pétalo es lo que la margarita tiene que decirte hoy.

¿Es ciencia? No, y a mucha honra: es una de las costumbres más tiernas que ha inventado la gente para preguntarle al mundo lo que no se atreve a preguntarle a una persona. Tómala como lo que es — un empujón, un consuelo o una sonrisa — y si el resultado no te gusta, en el prado siempre hay otra margarita.