Lectura de la vela
Cada vela pregunta por un tema: elige la del tuyo y enciéndela. Cómo arda es la respuesta.
Elige tu vela
Encender una vela y quedarse mirándola es de las costumbres más viejas que hay, y también de las más extendidas: se hace en el Mediterráneo, en los Balcanes y en media América Latina, con más o menos ceremonia según la casa. La idea es siempre la misma: una vez encendida, la vela empieza a decir cosas — cómo sube la llama, si tiembla, si se parte, qué humo suelta, cómo cae la cera.
La lectura tiene dos mitades. La primera la pones tú: el color de la vela es tu pregunta. La roja se enciende por el amor y por el coraje, la verde por el dinero y la salud, la azul por la calma, la negra por lo que hay que cortar. La blanca vale para todo cuando no sabes de qué color es lo que te pasa. La segunda mitad la pone la vela: cómo arde y qué deja atrás.
Una llama alta y quieta es de las mejores señales que hay. Si tiembla sin que corra el aire, la tradición dice que hay alguien más metido en el asunto; si se parte en dos, que hay dos caminos o dos voluntades; si se apaga sola, que no es que no, es que no ahora. Elige tu vela, enciéndela y mira.